Luego de algún tiempo, Eli vuelve a la casa donde vive su familia. No pasa mucho tiempo antes de darse cuenta de que nada cambió a pesar de su ausencia. La violencia doméstica potenciada por el consumo de alcohol de su padrastro y la inacción de su madre, amenazan la vida de sus hermanos más pequeños, de la misma manera que a ella le tocó vivir. Eli siente que no puede mirar hacia otro lado.