En un estado ya democrático, los jóvenes siguen siendo formados en los temores, las reservas y las limitaciones que la generación precedente aprendió, que sostuvo y que dió lugar a la última dictadura militar. Resignar los propios derechos, recurrir a la auto-censura para no incomodar, callar las posiciones disidentes, son los consejos que transvasan de una generación en otra en una pesadilla que parece nunca terminar.